III. Un oasis LGBTTTI

La 72 es un hogar, una casa, una pausa en el camino para los migrantes que buscan comida, techo y apoyo. Este es el único lugar en México que cuenta con un espacio para la comunidad LGBTI. Es un lugar para ser libres.

El sol resalta los colores del orgullo LGBTTTI. La bandera es la señal de que es un lugar seguro para no ocultarse. Es el dormitorio para la comunidad de la diversidad creado en La 72, un refugio para migrantes en Tenosique,Tabasco, estado ubicado al sur de México.

El nombre de La 72 es en memoria de los 72 migrantes masacrados por el grupo criminal Los Zetas en el 2010 en San Fernando, Tamaulipas. En México, este es el único lugar de atención a migrantes con un espacio dedicado a la población LGBTTTI.

Por unas horas, por unos días y hasta por meses los migrantes viven en La 72, la mayoría esperan ser reconocidos como refugiados en México, otros toman un descanso para seguir su viaje hacia Estados Unidos.

La violencia y la pobreza de Centroamérica son las dos causas principales para que la comunidad de la diversidad migre, según han detectado en La 72. Si las agresiones y la economía expulsan, la homofobia y discriminación, agravan la situación de la población trans, por eso huyen de un espacio hostil donde su vida corre riesgo como en El Salvador, Honduras y Guatemala.

“Las sociedades de las que provienen son homofóbicas”, advierte Fray Tomás González Castillo. Con esta frase engloba la mayoría de las historias de abusos, agresiones y hasta asesinatos contra la comunidad LGBTTTI.

Fue así que en el 2016, La 72 abrió dos dormitorios con capacidad para 12 personas, pero como explica Fray Tomás, sobre todo “un proyecto de atención para la comunidad LGBTTTI”.

Cuando llegan al albergue Médicos Sin Fronteras les ofrece apoyo para su salud física porque “muchas de ellas venían violadas o se dedicaban al sexoservicio”, describe Fray Tomás.

El director de La 72, Ramón Márquez, explicó que cuando una persona migrante de la comunidad LGBTTTI ingresa al refugio buscan “trabajar en su recuperación de su identidad como seres humanos como es la aceptación por su género (...) e ir sanando de ese dolor, de esa violencia, esa discriminación, persecución que han sufrido en sus países de origen”.

También ofrecen apoyo legal porque,como explicó Fray Tomás, “desgraciadamente cualquier persona migrante es víctima, lo primero es que hay que darle es la estabilidad migratoria para que de ahí se generen los derechos a la salud o al trabajo”. Para ello, La 72 tiene una área de defensoría y apoyo de la organización Asylum Access.

En La 72 también apoyan a la comunidad LGBTTTI a que concluyan sus estudios o aprendan un oficio, como el taller para aplicar uñas acrílicas que impartió Santiago, un voluntario de la casa. Él fue quien llevó la bandera del arcoiris a este refugio.

Este joven es parte de la comunidad gay y al ver que su mamá apoyaba a la casa de migrantes decidió sumarse enseñándole a la población trans una actividad que le permita obtener recursos.

Transmigrantes | Migrantes LGBTTTI caminan desde Playa de Catazajá, Chiapas con rumbo a Villahermosa, una ruta de 200 km de distancia.

Mujeres transexuales, las más agredidas

En el hogar para migrantes en una de las paredes está pintado un enorme mapa de México con las rutas para comer o descansar, pero también los lugares en los que hay riesgo de secuestro, extorsiones, asaltos y robos.

“Empezamos a analizar los testimonios que nos daban y veíamos que todas las personas LGBTTTI, sobre todo las mujeres trans, eran mucho más vulnerables que incluso una mujer”, recordó Fray Tomás.

Transmigrantes | En La 72 se encuentra dibujado un mapa con las distintas rutas migratorias, así como albergues y zonas de riego en México. Foto: Priscila Hernández Flores

Violaciones y acoso son las agresiones más comunes a las que se enfrentan las mujeres migrantes, estos abusos se “multiplican, son más para una mujer transexual” según el fraile y añadió que “una mujer transexual y migrante, puede vender su cuerpo, es un arma muy poderosa que ellas tienen y lo saben. Nosotros lo respetamos. Son mediaciones que ellas han aprendido para llegar a su meta”.

Las mujeres transexuales también son doblemente vulnerables de ser víctimas de violaciones de derechos humanos por parte funcionarios del Instituto Nacional de Migración y policías. Estas agresiones también aumentan contra los hombres transexuales migrantes, es decir, personas de sexo biológico femenino cuya identidad es masculina (Ver glosario)

Transmigrantes | En La 72 se encuentra dibujado un mapa con las distintas rutas migratorias, así como albergues y zonas de riego en México. Foto: Priscila Hernández Flores

Aprender a respetar

“Gracias por el apoyo que nos brinda, por la libertad que nos da de expresarnos, por darnos ese lugar que tenemos donde nos respetan” son la palabras de Eléctrica, una mujer transexual, quien recibió apoyo en La 72. Como ella otras más se sienten seguras en ese refugio.

Que la bandera del arcoiris se muestre en uno de los balcones de La 72, que la comunidad LGBTTTI, en especial las mujeres transexuales, puedan caminar libremente sin ser insultadas o agredidas es parte de un proceso de “reeducar” como dice Ramón Márquez, director de La 72, porque reconocen que los migrantes que llegan al espacio suelen tener prácticas homofóbicas o machistas en sus países de origen.

“Cuando las personas de la diversidad sexual llegan a la casa, te refieren una desconfianza o un temor de subirse al módulo (dormitorio) porque está en una segunda planta muy visibilizado con la bandera del arcoiris, con pancartas, con mensajes de reivindicación de orgullo. Al principio manifiestan un temor a subir por el rechazo a ser identificados, a ser marcados pero las propias personas que están en el dormitorio especial para la comunidad de la diversidad sexual, poco a poco van haciendo de anfitriones de la casa”, reconoció el director de La 72.

Si en el Triángulo Norte el insulto contra el diferente es cotidiano, en ese espacio buscan que las personas migrantes aprendan a respetar la diversidad. En el albergue no se aceptan gritos, insultos o agresiones. En caso de que esto ocurra la persona migrante deberá retirarse. “En un contexto donde la violencia, el dolor y el trauma está tan presentes hay que generar espacios de normalidad y cordialidad”, reiteró el director de La 72.

“Aquí no permitimos la violencia de ningún tipo y la discriminación es violencia”, enfatiza Fray Tomás. En la casa hay una constante, la defensa de los derechos humanos. Con murales, reuniones y conversaciones, grupos de mujeres, adolescentes, varones, así como integrantes de la comunidad LGBTTTI insisten en la diversidad.

La 72 se nombra en femenino, es la casa y desde esta feminidad es un reconocimiento por los excluidos. Algunas personas al llegar al refugio en un principio no se identifican como mujeres transexuales, después de meses se asuman sin temor como recordó Ramón:

“Había una persona que llegó, que se consideraba como gay y estuvo un periodo muy prolongado en la casa. Esta persona poco a poco a través del espacio de la propia fiesta fue re descubriéndose. Empezó a maquillarse, a ponerse tacones, a vestirse como una mujer. Cuando salió de la casa salió como una chica trans. ¿Cuál es la clave de esto? muy poco, generar un espacio de respeto donde tú puedes mostrarte como eres”.

Alejandra, Eléctrica y Gerson viven en un cuarto rentado al oriente de la Ciudad de México, en una colonia con pocos servicios y propensión a asaltos. Aunque de orígenes distintos, su historia tuvo un hilo común desde que llegaron a La 72, su casa, un hogar que les permitió conocerse y continuar su camino hacia Estados Unidos.

Transmigrantes | Playa de Catazajá, Chiapas.- En abril de 2014, cerca de 800 migrantes partieron a pie con rumbo al norte, cuando el tren desenganchó las góndolas con migrantes, durante el Viacrucis migrante. Foto: Prometeo Lucero

Personas migrantes atendidas en La 72 en 2016

12,336

varones

1,469

mujeres

1,625

niños no acompañados

861

niñas no acompañadas


Integrantes de la comunidad atendidas

33

personas integrantes de la comunidad LGBTTTI en 2016

33

33 personas integrantes de la comunidad LGBTTTI en 2015

7

personas integrantes de la comunidad LGBTTTI en 2014

A un paso de la frontera norte

Tijuana es el límite noroeste de México. Viendo hacia el norte, es el fin de México. Viendo hacia el sur, es el inicio de América Latina. Tijuana es una mezcla de identidades, entremezcladas en lo mexicano, lo estadounidense, lo chino más recientemente, lo haitiano. Uno de los principales atractivos económicos es el comercio sexual, a veces de manera voluntaria y otras veces mediante la trata de personas.

Marcada por años de migración y deportaciones de migrantes de Estados Unidos, se han abierto, hasta 2017, poco más de 30 albergues para recibir a personas deportadas de Estados Unidos. La mayoría de ellos creados por organizaciones religiosas católicas o cristianas. En contraste con La 72 en Tenosique, Tabasco, en Tijuana el origen religioso representa un problema: en su mayoría, los religiosos rechazan la diversidad sexual.

Sólo existen en Tijuana dos lugares donde la población migrante LGBTTTI puede recurrir. Uno es el Jardín de las Mariposas, que más bien es un centro de recuperación de adicciones diseñado para población LGBTTTI bajo el esquema de Neuróticos Anónimos; el otro es el albergue Casa del Deportado Sagrado Corazón.

Transmigrantes | Uno de los atractivos de la avenida Revolución es el comercio sexual. Foto: Prometeo Lucero

“Tú puedes entrar pero ella no”

Las trans son rechazadas en albergues. Muchos albergues reciben subvenciones y apoyos, pero los están destinando para los haitianos y rechazan a centroamericanos e incluso a los mexicanos por conveniencia.

Yolanda Rocha dirige el Jardín de las Mariposas. En sus reuniones, los integrantes conversan sobre sus malestares y su recuperación. Entre la diversidad LGBTTTI de Centroamérica ha corrido la voz sobre este lugar, pues es común que sean rechazados en los demás albergues.

Sin embargo, los alimentos, renta, luz y gas corren a cuenta de Yolanda y su hijo (quien fue adicto en recuperación) y de ingresos que aportan algunos de los jóvenes en recuperación, porque no son elegibles para donativos como sí ocurre con las AR (Asociaciones Religiosas) que tienen preferencia y reciben bonos para arroz y frijol.

Transmigrantes | El Jardín de las Mariposas es un albergue para personas LGBTTTI en recuperación de adicciones. Al ser rechazados de otros espacios, los migrantes LGBTTTI han sido acogidos en ese refugio. Foto: Prometeo Lucero

Yolanda explica que la discriminación en albergues y centros de recuperación es grave. Hay 90 centros religiosos de recuperación, y ningún albergue diseñado específicamente para las necesidades de personas trans. “Van a parar a las Asociaciones Religiosas (AR) pero éstas tienen una dinámica ‘tú puedes entrar pero ella no’. Las personas trans sufren más. Vienen a ciegas, sin dinero, hambrientos, sucios. No hay comida suficiente, hasta duermen en la calle. Antes de los centroamericanos, la atención de los albergues se enfoca en haitianos, adictos y en situación de calle. Es un escenario de peligro constante por feminicidios, secuestro de mujeres”.

Pone como ejemplo un hecho en Tecate, Baja California, al Este de Tijuana, del que se enteró por la prensa. Allí hubo un joven trans salió de un centro de rehabilitación, y al día siguiente amaneció asesinado y quemado en un hoyo.

Perla Hernández dirige la Casa del Deportado Sagrado Corazón. Desde 2012, acoge a personas por igual, homeless (personas sin hogar) y deportados que deambulan en la línea fronteriza. En la casa caben hasta 40 personas apretadas. Perla es trans y sábados y domingos trabaja checando la presión arterial. En 2016, recibió a cinco trans y en 2015 a dos hombres gay. No recuerda más atrás. Este año llegó una persona trans deportada.

La Casa del Deportado no recibe apoyo de ninguna organización de gobierno. En realidad es muy austero, construido con retazos de madera, y piezas que compra en el mercado de segundo uso o de donaciones. Su transporte es una bicicleta y un carro de supermercado. Las paredes que dividen los cuartos son de madera aglomerada y las camas son literas. El lugar, aunque austero e improvisado, está limpio.

El albergue solo ofrece cenas en la tarde, los desayunos los tienen que buscar en otros lugares. Sin embargo, los migrantes se quejan por los cobros en distintos albergues ya sea para ingresar o recibir alimentos.

La policía continúa con las redadas para quitar a los deportados y homeless (personas sin hogar) que habían asentado en El Bordo (un canal de río cercano a la frontera). Sin embargo, sólo los dispersó sin ayudarlos realmente. “Me gustaba no su vida, sino que estaban unidos”, comparte Perla su admiración por los habitantes del Bordo que tenían cubiertas algunas necesidades como comida, ropa, cobijas y hasta la droga que consumían.

La policía también sacaba provecho de los deportados. Les esperaba al salir de las tiendas Western Union cuando recibían algún giro para robarles y amenazarles con meterlos presos por droga. Había toda una complicidad en policías y hasta un juez que validaba las acusaciones contra los deportados, relata Perla.

Contra la diversidad

En los albergues de El Ejército de Salvación, pertenecientes a la Iglesia Cristiana Universal, excluyen a la población LGBTTTI. Los migrantes gays no son bienvenidos.

No son los únicos. En otros albergues, a las mujeres trans las discriminan de diferentes maneras. Por ejemplo, las obligan a cortarse el cabello, las segregan en cuartos, las obligan a usar un solo baño, les exigen que no acosen a otras personas, cuenta Jorge Luis Villa, integrante de Diversidad Migrante. Villa es activista gay en Baja California, y trabaja en una oficina de asuntos migratorios para el estado de Zacatecas en Tijuana.

Villa ha observado algunos desazones entre activistas. Por ejemplo, que algunos mientras apoyan la migración, al mismo tiempo participan en marchas a favor de la “familia natural".

Por su parte, la integrante de Madres Deportadas en Acción, a quien todo mundo conoce como María Galleta, quien vive en California y viaja cada semana a Tijuana para apoyar a activistas, ha conocido casos de personas trans en Estados Unidos que están firmando salidas voluntarias o bien, son llevadas a Texas para su deportación. Muchas otras son expulsadas a pesar de no haber firmado ningún papel.

“Tijuana es como San Diego en los ochenta. En esa época, toda la escena LGBTTTI estaba dividida. ¿cómo iba el gobierno a tomarlos en cuenta si están peleados? En ese entonces el gobierno no quería dar fondos para el tratamiento de VIH, hasta que las organizaciones se enfocaron en querer lo mismo. Al unirse las organizaciones e ir a marchar a Washington, lograron el tratamiento”.

Rubí Juárez dirige el Centro de Atención Integral a Personas Trans. Ella tiene una opinión distinta respecto las oportunidades laborales y las solicitudes de asilo.

“México debería darles una vida digna”, dice. El refugio “es una moda, la opción más fácil para irte. La meta de llegar a Estados Unidos, es un rollo psicológico”, e insiste que no es buen momento para pedir asilo. “Desde Centroamérica están circulando la idea que tendrán asilo en cinco minutos por el hecho de ser trans”.

Con apoyo del gobierno y la sociedad civil, Rubí realizó un censo de mujeres en el área de prostitución y bares de Tijuana, que está ubicado en la Zona Norte. Entre los resultados encontraron, según detalló Rubí, que había en este lugar 99 mujeres trans, cien por ciento de ellas ejercían el trabajo sexual por “voluntad propia” porque las ganancias pueden ser mayores, lo que significa que no es su única opción laboral.

Como referencia el sueldo en Baja California es bajo respecto el coste de vida. Oscila entre 900 y 1200 pesos semanales (entre 47 y 64 dólares).

Transmigrantes | La avenida Revolución es un atractivo turístico donde visitantes estadounidenses encuentran el entretenimiento prohibido en su país. Foto: Prometeo Lucero

La falta de acceso a servicios de salud, educación o trabajo dice, “es porque no se conciben como dignas de derechos”.

Rubí participó en el evento conocido como International Visitor Leadership Program en noviembre de 2016, un encuentro entre el Departamento de Estado e integrantes de la comunidad LGBTTTI.

En opinión de Rubí, Barack Obama sí tenía en su agenda el tema de diversidad, con prioridad en la comunidad trans. Por ejemplo, la cobertura de salud (Obamacare) cubría hormonas y cirugías. Ahora, bajo la presidencia de Donald Trump, la comunidad está enfocada en no perder los derechos ya ganados, en vez de pelear por más.

En la Zona Norte de Tijuana, donde se concentra el mayor número de mujeres trans, Jorge Eduardo Duarte, promotor de salud y miembro de AIDS Healthcare Foundation México, reparten condones y aplican pruebas de VIH gratuitas en población vulnerable, entre ellas, trabajadoras sexuales.

No todas las mujeres trans en Tijuana se dedican al trabajo sexual, otras han llegado para intentar cruzar la barda fronteriza.

Hay una historia reciente, conocida y contada por diversas voces: un grupo de cuatro mujeres trans intentó, en enero de este año, cruzar la barrera migratoria. Pero fueron golpeadas y arrestadas por la Border Patrol (Patrulla Fronteriza de Estados Unidos). Finalmente fueron deportadas.

Las mujeres trans de Tijuana no son ajenas a la violencia que sufren el resto de mujeres. Con el lema “Ni una asesinada más”, el 19 de octubre del 2016 en Argentina y en diferentes partes del mundo hubo marchas contra el feminicidio. Acá también protestaron las chicas trans como lo recuerda Duarte:

“Había razones para marchar y pedir justicia tanto por los feminicidios como por los crímenes contra personas trans, cuyos casos quedan impunes. Sumado a esa violencia también está la discriminación social. Los medios de comunicación siguen difundiendo historias tipo “hombre vestido de mujer”.
Transmigrantes

Iván

“Mi vida se ha parado dos años, huyendo por salvar mi vida”

Vengo de Honduras del municipio de San Pedro Sula. Uno de los municipios más conocido por la delincuencia y la extorsión. Para nosotros los gay la discriminación ahí es muy difícil.

A mi lo que me originó salir fue la muerte de mi hermano, la muerte de mi papá, igual la discriminación hacia mí por ser gay. A pesar de que siempre he vivido oculto. Allá no puedo decir: “soy gay”. Siempre me he mantenido en secreto. Si yo decía que era gay perdía oportunidades de trabajo, perdía oportunidades para conseguir otro tipos de ayudas.

Allá ser gay es una discriminación total. Aparte existen maras como las MS y la 18. Yo desde pequeño tuve una violación por un pandillero que fue capitán de las maras. Me fue difícil convivir en una zona donde había mareros, con el tiempo entraron otras bandas más fuertes de narcotráfico que se encargan de extorsionar. Las bandas llegaron y pelearon ese territorio donde yo vivía.

Entraron matando casi a todos los mareros. Mi papá tenía un negocio y era extorsionado por una renta de 1,200 semanales. Al no pagar por más de dos meses, mi papá fue asesinado. Le dispararon bajando de un taxi.

Lo mismo pasó con mi hermano. La mentada banda de los Olanchanos que recluta jóvenes para que trabajen con ellos, mató a mi hermano.

Busqué otros departamentos para vivir y cuando fui siempre sabían dónde estaba. Habíamos puesto una denuncia por la muerte de mi hermano. No sé cómo se enteraban, pero siempre nos buscaban. Por eso, tuvimos que huir a otro departamento, volvimos a San Pedro.

Primero matan a mi hermano, luego a mi papá, queríamos huir de la casa si queríamos volver a mantener el negocio teníamos que seguir pagando a pesar de que estábamos de luto por la muerte de mi papá. Ellos no tienen piedad, nos dijeron que sí queríamos seguir con el negocio teníamos que seguir pagando.

Fue así como salimos al departamento de Corintios y huímos. Hace poco, le dije a mi mamá que yo era gay. Decido salir un 13 de octubre de mi país. Llegué a La 72 para pedir refugio de nuevo, porque la primera vez que migré fui detenido en Acayucan, Veracruz. Ahí pedí mi primer refugio.Me lo negaron.

Aquí en Tabasco los que no tenemos credencial o los que somos de la comunidad LGBT, nos discriminan mucho. Mi vida se ha parado dos años, huyendo por salvar mi vida.

*Nombre real cambiado a petición del protagonista.

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Eléctrica

“Nosotros también tenemos derecho a vivir”

Soy Rafael Antonio, soy de Honduras, y me gusta que me digan Eléctrica. Yo agarré este camino para México por tanta discriminación que hay en nuestro país porque nos asaltan, nos asesinan, nos violan, nos golpean.

Uno agarra este camino para que no le hagan daño a su familia porque lo primero que le dicen es: `si no te vas, vamos a matar a tu familia porque vos arruinás a tu familia´. Cuando nosotros también tenemos derecho a vivir.

n Guatemala venía con unos niños, ahí me quitaron 300 quetzales por los dos niños, ellos están en Estados Unidos, pero yo me quedé colgado. Su familia les puso coyote y a mi no.

Me gustaría quedarme en México y estudiar. Ya traigo la profesión de belleza. En Tenosique donde me quedé en La 72 arreglaba el pelo a las migrantes, lo pintaba, cortaba, planchaba, arreglaba uñas. Y todo eso lo sé hacer.

Entrando a México el 1 de septiembre me apuñalaron, me asaltaron aquí en Tenosique, Tabasco. Solicité la visa humanitaria, me la negaron porque me dijeron que no eran suficientes pruebas. Yo pienso que solo con el eso de que me acuchillaron yo tengo bastantes derechos, aún siendo inmigrante.

De hecho esa vez fui a poner denuncia. En Tenosique también hay discriminación. Yo le dije al comandante: ¿que qué quería?, ¿que me cortaran una mano, que me cortaran el pie para que supieran que era verdad?.

El 26 de septiembre de 2016 salí de Honduras. Tramité la visa humanitaria y me la negaron. Me sentí decepcionado. Vengo de mi país, huyendo de la violencia y me vengo a encontrar lo mismo aquí, creo que no es justo porque creo que tengo derechos. Tuve que esperar dos meses para que me dijeran que no a la visa.

En mi país no me pongo “shores” (pantalones cortos), aquí en México lo puedo hacer. Allá me maquillaba poquito y aquí lo vine hacer más. Aquí en México si una persona golpea a un gay u homosexual se va a denunciar porque es una falta de respeto. Dicen que en la Ciudad de México las personas como nosotros tenemos derechos. En cambio, en nuestro país no. Yo creo que el presidente de mi país sería feliz que emigraran todos los gays de Honduras.

Yo en Honduras no me decidía en mi sexo por el hecho de que las personas lo primero que te dicen:`no te da pena por tu familia, le vas a dar pena a tu familia´.Yo lo que hice fue salirme de las manos de mis papás y vivir mi vida. Tengo una amiga que ahora está en Estados Unidos, ella me dijo: `hacé tu vida, viví tu vida y nadie te la puede cambiar sólo que seas lo que sos y quererte como sos´.

En mi familia, mi mamá me acepta como soy, mi papá ya me aceptó aunque al principio no me quería como soy.

En Choluteca lo que existe más es la violación a los gays, golpes y maltratos.Nos agreden primero los mareros porque quieren que uno esté con ellos a la fuerza y creo que no es justo. Yo dije: voy a salir del closet, voy a aceptarme por lo que soy, yo valgo mucho.

En Honduras nos dicen culeros, maricón, hijo de la gran puta. A uno le duelen esas palabras. Te insultan y tienes que hacerte más fuerte.Las palabras duelen, pero sobre todo que no nos maten porque nosotros también tenemos derecho a vivir.

Transmigrantes

Bryan

“Me vine de mi país porque no me quería vender, no lo haré en el camino”

Salí de mi país por las maras. Nunca pensé salir de mi país porque tenía mi buen trabajo, estudiaba, era gerente de mercadeo en una tienda de ropa. Obligatoriamente tuve que salir.

Yo soy gay. No me considero una persona ni fea ni bonita. Para ellos supuestamente si era bonito y querían que yo me prostituyera en una esquina y aparte de vender mi cuerpo, vendiera la droga. Yo me rehusé.

Me raptaron 3 veces, me bajaron de un rapidito (combi), me bajaron de mi carro y otra vez fueron a mi trabajo. La tercera vez ya me iban a matar porque no les daba una respuesta, entonces le dije al chavo que es dizque jefe de la mara que me diera oportunidad de pensarlo dos días. “Te voy a dar dos días, nada más porque te conozco desde morrito” me dijo. Eso fue el 7 de mayo. Ya el 8 de mayo, a las 12 del mediodia, yo salí para acá.

Un dizque coyote me dijo: “yo te paso”. En la aduana no me pidieron un solo documento. En el trayecto de la aduana de Guatemala, como no quise pagar las 500 lempiras al coyote, se puso en su moto, sacó una pistola y me quitó todo lo que tenía: el dinero, mi maletita, teléfono y ropa. Me quedé solo con un suéter. Me senté a llorar en una piedra porque no sabía qué hacer. Vendí mi sueter y seguí con 100 lempiras.

Otro coyote me dijo: “no sé qué vas a hacer porque si no llevas dinero no te van a dejar pasar”. Empecé a caminar. A unos metros de pasar la aduana, unas mujeres me llevaron hasta Esquipula, en donde tenía que tomar el autobús a la capital. Vino una señora y me dijo que fuera a la Basílica para pedirle a Dios.

Ahí hay un mirador donde se mira Esquipula muy hermoso. Me paré en ese mirador y lo que se me vino a la mente fue tirarme de ahí, pero me puse a pensar que todos los problemas en la vida tienen solución, menos la muerte.

Le hice parada a un señor que me llevó a Chiquimula. Estaba muerto de cansancio y el señor empezó a enamorarme: “estás muy bonito, de dónde eres”. Le conté que era de Honduras. “¿Me regalas un beso?”,dijo. “No, ¿qué le pasa?”. Dejó de molestar unos diez minutos. Le pedí que se detuviera para bajarme. Me advirtió: “si te duermes, voy a hacer lo que quiera contigo y voy a empezar dándote el beso que te vengo pidiendo”.

No aguantaba el cansancio y me quedé dormido. No dudó ni dos minutos en darme el beso. Ofreció su casa y me negué. Incluso me ofreció pagarme. Si me vine de mi país porque no me quería vender, no me voy a vender en el camino.

En Honduras las cosas se manejan bien raro. Las mismas maras se enteran de todo. Incluso en Tapachula hubo una persona que me conocía. Un amigo me advirtió: “ten mucho cuidado que en Honduras ya saben dónde estás y puedes correr peligro”.

Tengo muchas ganas de estudiar. Amo estudiar. A futuro yo seré arquitecto y tendré mi propia empresa y no tengo duda que lo voy a lograr porque cuando me propongo algo lo consigo.

Para mí, Estados Unidos nunca ha sido una prioridad. Si hubiese venido con esa intención, ya me hubiese ido. Si me voy a EEUU, todos mis derechos de refugio valen madre, ya no tengo ningún derecho como refugiado. Mi plan es ir a Canadá, por lo mismo quiero estudiar aquí en la Ciudad de México.

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Alexa Rodríguez

“No pienso regresar a vivir a El Salvador, aquí es mi casa”

La primera vez que vine acá nada que ver con huir de la violencia, en enero del 98, había un poco de violencia en El Salvador, pero no era tan fuerte. Estando acá, en Estados Unidos, me infecté por VIH. Me asuste y pensé: ay, me voy a morir. Entonces me fui para El Salvador en diciembre de 1999, era casi a los dos años de estar acá.

Llegué a mi casa, no le avisé nadie, me recuerdo que estaba ahí mi hermano y me dijo: `¿Qué hacés aquí? Allá te hubieras quedado porque acá a comer mierda viniste´. Pero tuve mi vida regular, por cinco años oculté a mi familia que era positiva. Hasta que empecé a educarme en lo que era el VIH, cómo funcionaba y me convertí en consejera en VIH. Educaba en prevención, formé un grupo de personas para luchar por medicamentos.

Cada vez estaba más femenina, con hormonas, con toda esa visibilidad que tenía luchando me metí en problemas. Yo no estaba haciendo nada malo, pero al exponer a la gente sobre cosas que no estaban haciendo bien, pues les molestaba.

También con los pandilleros, al grado que uno de ellos, muy conocido en Usulután (municipio oriental del país), quiso asaltarme por un cadena de plata que yo tenía. Y como no tenía miedo nos agarramos. Yo me defendí y cuando él ya iba por su camino, yo lo seguía, queriendo recuperar mis cosas. Entonces la policía nos siguió también, pero al pandillero lo dejaron ir, y a mí me pidieron documentos. Uno de los policías me empezó a insultar y a tirar patadas desde la acera. Me decía: mirá como sos, por culero te pasan estas cosas. Y yo le decía: no me pegue, ya me sé sus placas. Al fin me dejaron ir,, pero me dijeron: bueno, ya sabemos donde vivís, te conocemos. Fui a la policía y la persona encargada de recoger los reportes me dijo: qué pena, no creemos que haya pasado eso porque a la hora que dices no había nadie patrullando por ahí.

Eso ocurrió en octubre de 2008, y quedé con mucho miedo. Así que hablé con mi familia y en enero decidí venirme. Llegué a México en avión y estuve tres días en el DF, sola. Contacté a un coyote para que me recogiera. Estuve una semana esperando para que nos pasaran, por el mismo miedo yo me corté el pelo, traía una expresión más masculina.

Cuando ya llegamos a Houston, nos recogieron en una minivan y nos dejaron en una casa donde nos tenían prácticamente secuestrados. Yo me quedé con todo hombres y nos ordenaron que nos desnudáramos. Yo me quedé con un bóxer largo que me había comprado en México; y pensé: yo no me lo voy a quitar. También me quedé con una camiseta puesta. Yo ya tenía senos porque tomaba hormonas. Estaba incómoda porque todo el mundo me vio, pero luego los hombres me dijeron: ¿podemos preguntarle algo? Porque usted no parece que es gay… Eso no me lo tomé como ataque, sino como curiosidad o morbo. Y dije, bueno, voy a darles una educación ahorita. Les dije que era mujer transgénero. Me creyeron y empezaron a preguntarme: ¿Y desde cuándo sabe que es niña? ¿Y cómo se siente? En verdad que me sentí un poco más cómoda porque eran hombres cisgénero, no modernos, pero abiertos a aprender.

El problema fue al llegar la noche, el muchacho que nos daba comida me fue a despertar y me llevó al baño. Me dijo que si necesitaba algo especial me lo iba a dar. Y le dije: Ah, gracias a dios porque necesito una rasuradora, no me gustan los pelos en la cara. ´Ah, sí, yo te lo consigo, lo único que me tienes que hacer sexo oral´. Pero tuve que hacerlo porque para mí era peor tener pelos en la cara que sexo oral con un desconocido y obligada.

Después yo tenía que venirme a Maryland con mi familia. Trabajaba con mi hermana en banquetes. Ella tuvo un problema con su esposo y se tuvo que ir. Quedé una semana en la casa yo sola. Llegó la dueña y me dijo que si no tenía dinero que me fuera. Me fui donde una prima que vivía con una amiga, dormíamos en la sala, en el piso. Como no tenía documentos ni trabajo, hacíamos trabajo sexual. Eso era en Maryland, lo hice por año y medio, pero yo trataba siempre de ir a la escuela, me capacitaba.

Desde 2009 empecé a trabajar en concursos de belleza, porque yo ya organizaba esos eventos en Usulután. En eso no necesitaba certificación, solo hablaba con la gente de una discoteca. Así me fue conociendo la gente y en el camino me fui certificando. En 2012 trabajé en un programa para jóvenes, y en 2013 se abrió la oportunidad en la Clínica del Pueblo, en el programa con mujeres trans. Y ahora ya tengo tres años como directora de Translatina Coalition para DC. En Translatina apoyamos a las mujeres para que se empoderen en temas de salud, servicios legales, a moverse en la sociedad.

Todos los programas del gobierno federal están recortando fondos para hacer un montón de pendejadas, pero estamos listas para hacer guerra. Con la administración Obama como que nos relajamos un poquito y dijimos: wow, es la gloria. Pero ahora paramos las orejas, estamos listas para fight back (pelear de nuevo)

No pienso regresar a vivir a El Salvador, aquí es mi casa. Este año ya puedo aplicar a la ciudadanía.Tengo un año con asilo, cinco con la residencia y otro que pasé en proceso, tengo como ocho años acá.

Transmigrantes

Mema Perdomo

“Yo quiero irme para Canadá, yo aquí no me siento segura”

Hace 10 años yo me vine de El Salvador, me vine porque una de mis mejores amigas fue quemada viva en Usulután, le echaron gasolina los mareros. Mi amiga se llamaba Juan. Yo conocía a los mareros, entonces ellos me amenazaron. Y por eso, yo con el miedo y el pánico, me vine.

Cuando me agarra la Migración, pasé seis días detenida, en una “hielera” (centro detención de migrantes), súper helado, ahí no había nada para abrigarte, tenías que agacharte y aguantar hasta donde podías, donde el baño está así (sin paredes) y te ve todo el mundo hacer tus necesidades y no solo dos personas, habíamos como 20 o 30 personas encima.

Donde yo veía que sacaban a todo el mundo y yo siempre era la última, donde me metían en un cuarto y se burlaban de mí, donde me decían que si yo era woman o man, donde me decían: ¿andás tatuajes? No. ¿Estás segura? Sí.

Donde me desnudaron toda y se burlaban. Donde me tuvieron por unos 20 minutos desnuda, yo lloraba y me decían: ¿Y por qué llorás? Fue una experiencia horrible.

Con el tiempo llegué a Houston (Estados Unidos), a donde mi hermana, yo me despertaba llorando, con pánico, miraba una policía y pensaba que era Migración. Era tanto el miedo que yo tuve, que no me presenté a la Corte.

Viví un año en Houston, no me gustó la vida allí. Me vine para Virgina, tenía otros amigos. Yo quise arreglar con un abogado la solicitud de asilo, y con otro, y con otro. Cada vez que iba donde un abogado era lo mismo, a recordar lo que viví y a ponerme mal, porque me decían: no, no se puede hacer nada.

De ahí volví con otro abogado, este último, hizo una solicitud para ver el caso e hizo dos apelaciones y las perdí. Desde entonces yo me he sentido super mal, estoy nerviosa, he caído en depresión y ahora con ataques de pánico.

Tanto es el miedo que yo quiero irme para Canadá, yo aquí no me siento segura. Pero es también por la situación de mi país, porque en El Salvador a una trans si ellos (pandilleros) quieren, la matan. A tres mujeres trans la mataron en San Luis Talpa (municipio de San Salvador) porque las querían tener de mulas (para meter en los centros penales). Si allá una no hace lo que le piden, la matan o matan a su familia. Y ese es el miedo de volver a mi país.

Transmigrantes

Daniela

“No sabía si iba a regresar caminando o en una caja de muerto”

Soy transgénero con identidad desde los 13 años. Tuve que hacerme chico gay para poder trabajar. Tuve que cambiar mi expresión de género. Cuando se enteraron en ese trabajo que era trans empecé a recibir bullying, más de los talentos, las personas que salen en pantalla.

Tuve que salir de El Salvador porque fui violada y golpeada por unos agentes, soldados. Me llegaron a buscar al trabajo y como pude salí y llegué a mi casa. Pasé aislada de mi casa como 10 días antes de tomar la decisión de venirme. Ya me encontraba sin trabajo, mis deudas se estaban acumulando, ya no veía un futuro en El Salvador. Me daba miedo dar un paso fuera de mi casa. No sabía si iba a regresar caminando o en una caja de muerto.

El tiempo que trabajé como trabajadora sexual aprendí a defenderme.Ya no tenía amigas, ya nadie creía en mí. Tuve problemas con compañeras trans.Creía en las organizaciones pero éstas no contaban cómo pasaban los hechos. Se pusieron en contra mía, no ponían atención, intenté pedir información y no me la daban.

Llegamos a Tapachula (con dos personas) para hacer el trámite de refugio con COMAR.

No fallé en las firmas, durante dos meses. Es un proceso bastante largo para pasar legalmente por México. Si lo cruzamos sin conocer es muy peligroso. Tuve mi documento de protección complementaria y de residente permanente en México. Mi proceso tardó siete meses, no sé porqué.

Me dediqué nuevamente al comercio sexual en Tapachula, luego en la Ciudad de México. Tenía la esperanza de que encontrara un trabajo ya formal que no fuera el comercio sexual y como no pude sacar mi credencial antes de que los de Migración tomaran vacaciones, hasta el 10 de enero la saqué.

En la Ciudad de México fui agredida y por eso decidí seguir adelante. En Tijuana me siento más acogida. Mantenerte ocupada hace que se me olviden las cosas. Se me olvida tanto bullying, tanta discriminación. A la larga tanta violencia que sufres que te vuelves violenta y no te queda otra que ser violenta cuando te toca serlo.

He sido muy “bullyeada” por compañeras de Estados Unidos en redes sociales que me han acusado de terrorista, de asesina, de violadora incluso. Tal vez porque si logré superarme en mi país durante algún tiempo. Tal vez porque sí opté por cambiar mi identidad para conseguir un trabajo y tener una vida estable. Existe mucho la envidia, la ira, la avaricia en nuestra población. Lo mismo en las organizaciones de derecho para las mujeres transgénero, porque en ningún lugar vas a estar viviendo gratis. Siempre te van a pedir algo. Aunque digan que es en apoyo a la comunidad, siempre van sacando su tajada. Pertenecí a una organización llamada Aspid Arcoiris el Salvador en sus inicios pero decidí dejarlo porque no era lo mío y se me negaba la palabra.

Mi idea es seguir hasta EEUU. Siento que se van a calmar las cosas. Unos amigos intentaron y los regresaron. Intentaré entregarme a la Border Patrol para solicitar asilo político.

Transmigrantes

Alejandra

“Hombres machitos, mujeres mujeres”

Yo por mí, estuviera en mi país, tengo mi madre ahí. Quería seguir otra carrera pero no se pudo.

En El Salvador no se puede tener una sexualidad libre como acá en la Ciudad de México porque donde quiera que lo vean, si lo ven a uno trasvestido o maquillado, siempre lo discriminan, se burlan de uno, le tiran piedras o palabras obscenas.

Hay un programa de salud llamado “Entre Amigos” que consiste en darnos charlas para prevenir el VIH, enfermedades de relaciones sexuales, nos dan productos para tener en nuestro hogar y chequeos médicos.

No hay derechos para nosotros. Son pocas las oportunidades laborales. No les gusta tener personas LGBTI, sino “gentes normales”: hombres machitos, mujeres mujeres.Siempre lo sacan corriendo a uno. Lo único que podemos hacer nosotros es trabajar en las estéticas porque otros trabajos no nos lo dan.

Toda mi vida me ha gustado trabajar. Yo era cocinero en un restaurant de alta calidad. Me gustaba cocinar el lingûini, el pollo a la mexicana, los churrascos.

Los pandilleros a uno tampoco lo quieren, andan asesinando a todos los gays. Esa gente de las pandillas es muy machista. Solo ellos quieren ser libres en el país, pero nosotros no. Nosotros tenemos que estar ocultos a todos.

Tuve un problema con las pandillas. En mi cuerpo tengo hasta cicatrices que me hicieron. Estuve a punto de que me mataran y por eso salí huyendo.

Llegaron a mi trabajo, nos golpearon, nos dieron con una pistola, me golpearon en la cabeza. Me asaltaron tres veces, me robaron mi sueldo.

En mi colonia, dominaba la Mara Salvatrucha (MS). De un bando contrario, no podía entrar porque lo tienen muy controlado a uno. En el trabajo se imponía el Barrio 18. Una vez me dijo mi patrón: “creo que se van a tener que salir de acá porque ustedes son de un barrio contrario al que son los de acá”. Hubo una ocasión que hasta se subieron al autobús y solo se dirigieron a mi compañero y a mí porque sabían que ahí trabajábamos. Nos dijeron que teníamos que salirnos de trabajar si no queríamos pagar con nuestras vidas.

Llegué a Migración y me dijeron que lastimosamente mi solicitud de refugio no me la podían dar. Me puse a llorar enfrente de ellos y les dije: “¿por qué, si hasta traigo pruebas?”. Traía pruebas, se las mostré y aún así no me dieron refugio. Por eso, decidí emigrar hacia México.

Ya se me quitaron las ilusiones de ir a EEUU.Quiero quedarme aquí a trabajar y ayudarle a mi mamá. Me gustaría tener una familia, casarme, tener un buen trabajo y ganar bien. Quisiera regresar, ver a mi madre, decirle lo mucho que la amo, pero no se puede...

Su solicitud de refugio fue aceptada el 23 de febrero en la Ciudad de México.

Transmigrantes

Nataly*

“Cuando se te mete el chip de activista ya no hay quien te calle”

Yo vine a los Estados Unidos el 10 de abril de 2015. He estado trabajando varios años en la defensa de los derechos humanos para las mujeres, sobre todo en la despenalización del aborto, y también para la inclusión dentro del movimiento feminista de la población trans en El Salvador. Cuando se te mete el chip de activista y ya ves de cerca cómo es la verdadera injusticia ya no hay quien te calle.

Yo soy una persona intersexual transexual, significa que nazco con una condición biológica con características de ambos géneros, pero mis padres decidieron asentarme como masculino. En mis documentos de El Salvador tengo un nombre masculino y un sexo asignado como masculino, lo cual me hace una persona trans, aunque mi biología y anatomía se desarrolló más en el lado femenino. Mi identidad de género también corresponde al femenino.

Las mujeres trans en nuestro país son expulsadas de sus hogares desde temprana edad, sin escuela ni educación formal porque son marginadas. Desde los 12 o 13 años ya están en la calle, sin familia. Es la misma comunidad trans la que llega a brindarles apoyo, pero entran en el mundo del trabajo sexual. Ahí también entran las pandillas, que empiezan a cobrarles renta.

Gracias a dios y mi situación de privilegio, yo me gradué de un colegio privado, estudié y terminé mis estudios universitarios, hablo cuatro idiomas, no es el reflejo de cualquier otra persona trans, menos de El Salvador.

El primero de abril de 2015, fue un jueves santo, yo fui agredida por un grupo de hombres, a mi me dejaron por muerta y fue así como yo sobreviví. Yo pase prácticamente en shock por dos días. No quería poner denuncia porque sabía que eso ponía en riesgo a mi mamá, a mi familia y a mi persona.

Por mi papel de activista sabíamos que los mismos policías eran los que le daban información a los pandilleros con nombres y números telefónicos de las personas que los habían denunciado. Entonces yo guardé silencio, pero le dije a mi mamá: yo me voy de este país porque yo otro ataque ya no lo voy a sobrevivir, porque ellos creen que estoy muerta.

Así que yo llegué a Estados Unidos con $200 que me dio mi mamá para empezar una vida de cero. Aparecí en Washington D.C. porque aquí ya era conocida por algunas organizaciones que me brindaron apoyo, pero tampoco estaban preparadas para afrontar todas las situaciones de una persona que viene huyendo de la violencia. Al principio estaba homeless (indigente), pero a los 15 días tuve el apoyo de mis amigas acá, que me dieron un lugar donde vivir.

Empecé trabajando más de un año indocumentada. Yo conozco los procesos que la gran mayoría de las personas que están acá, sobre todo desde las deportaciones por la nueva administración Trump. Porque tú puedes conseguir documentación falsa, y es la que te permite trabajar como indocumentada, pero es un delito, por eso prefiero que mi nombre no se publique.

Si solicitas asilo no se recomienda que pidas ayuda del Estado porque eso afecta a tu proceso. Te conviertes en carga para el Estado, y eso es lo que menos quiere el país. Por una parte estás en tu proceso de asilo pero tienes que esperar seis meses, un año o más, mientras resuelven tu proceso ¿Qué haces entonces? Pues tienes que trabajar como indocumentada. Porque a los refugiados el Estado ya sí les responde, pero como asylum seeker, como en busca de asilo, tú no tienes ninguna compensación.

El derecho a la migración es muy violentado en las fronteras porque no están queriendo aceptar la responsabilidad que tienen. Los Estados Unidos tiene posturas bastante hipócritas. Todo el desorden que los Estados Unidos ha realizado en nuestros países… es una vergüenza que digan que estamos sobreactuando o inventado. ¿Quiénes financiaron nuestras guerras y ejércitos? Hay una batalla invisible, no estamos en guerra como hace 35 años en El Salvador, pero lo cierto es que hay una guerra mucho más violenta que la guerra civil.

Los Estados Unidos tiene cifras que puede llenar en refugios, me parece una violación a los derechos humanos negarle a una población el derecho a sobrevivir porque ellos consideran que hay un abuso de denuncias. Ellos viven en zonas seguras, qué saben ellos. Se basan en parámetros como si estuvieran en las ciudades de los Estados Unidos, pero hay estados aquí donde ser LGBTQ es un infierno. Pero aún en D.C. y Nueva York donde hay más tolerancia, no estás libre, yo he vivido violencia y agresión, aquí en los Estados Unidos.

*El nombre utilizado para este testimonio ha sido cambiado a petición de su protagonista.

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